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Fred Frith en Chile – Teatro Oriente 2009

Posted in ESPIRITUAL, MUSICA by egoten on diciembre 31, 2009

Después de 12 años de larga espera, Fred Frith volvió a la cuidad de Santiago de Chile a realizar su ritual sobre el escenario del Teatro Oriente. Esta vez sin su inseparable amigo y mústico Chris Cuttler. Justo 11 días antes del día de los inocentes, un inocente que se había adelantado a su propio día. Y aunque algunos lo llamaron guitarrista, lo más cierto es que era un meditador a pata pelada, vestido de negro sobre una alfombra roja con dos amplificadores a cada lado. Esta configuración espacial desde la platea alta se veía como un rostro, los numerosos pedales eran dientes, los amplificadores un par de ojos, la alfombra una boca roja y Fred Frith con su guitarra amarilla eran los sonidos humeantes que emergían de aquella boca. Este mústico en su ritual se transformaba a vista y paciencia de todos en un pequeño niño jugando a hacer ruiditos con hilos entrelazados con las cuerdas de la guitarra, con tarritos que dejaba caer utilizándolas como resfalín. Al rato era un monje tibetano, después un monje zen, pero siempre fue un poderoso dios administrador de la fuerza y la fragilidad, creador de las más variadas entidades sonoras. Fred Frith, el mústico, los alquimizó, los hizo entender con sonidos como es este viaje al que llamaron vida. Un pensamiento pasó fugaz por sus mentes y corazones: eso que estaba sucediendo nunca más se repetiría, eso era un momento sagrado, como sagrados son todos los momentos, pero ese quizás un poquito más sagrado porque se los estaba recordando. La experiencia fue acrecentada visualmente por unos binoculares que les permitieron ver nítidamente cada uno de los artefactos que el mústico utilizó para realizar su ritual: cuerdas, tarros, bolitas, piedrecitas, un arco de violín, baquetas, cadenas, etc. Y hasta la propia saliva del mústico fue utilizada para hacerle caricias a la guitarra que gemía graciosa como si sintiera cosquillas. Se asombraron de la fértil condición de Fred, que aunque declarara no saber cómo seguir después del primer bis, siguió trayendo al teatro extraños sonidos. Se asombraron de la habilidad quirúrgica con que Frith torturaba a su fiel guitarra (la misma del 97) tan placenteramente. Nunca se cortó una cuerda, nunca fue necesario afinarla, sino todo lo contrario. Expresó la verdad, habló inclusive con los sonidos de ausentes instrumentos. El mústico tenía oficio de ángel postmoderno, fuertemente influenciado por los cambios climáticos que experimentaba la biosfera, traía la tormenta y el calor sonoro, el alba, el día en su total magnitud y el atardecer. Esa noche ellos casi borraron todos sus mp3 y casi regalaron todos sus discos. Ya casi no necesitaban nada más.

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